Buscando alternativas
Queríamos escapar del clásico viaje por Salta y Jujuy donde domina el asfalto y mostrar los pueblos más pequeños, adentrados en la montaña. El viaje se pensó para que se realicen transiciones constantes. De pueblos más grandes a pueblos más chicos. De montañas áridas desoladas a yungas verdes y húmedas.
Tres viajes, épocas descartadas
El norte te recibe con una calidez única… pero en temporada de lluvias mejor no intentarlo.. Entre 2021 y 2022 fuimos tres veces, y una de ellas —en febrero— nos enseñó la lección: los meses de verano quedan descartados por las lluvias, los ríos crecidos y los derrumbes que arruinan los caminos. Intentamos unir Iruya con Nazareno sin consultar a los locales. Error. Un temporal había destrozado todo. Quedó pendiente para otra época, con mejor clima. Ese tramo también quedó descartado.
Versión final: un viaje que desafía
Lo fácil hubiera sido evitar los caminos secundarios de tierra, arena y ripio. Pero lo lindo de dejar atrás el confort es que la vuelta tiene otro sabor. Descansamos un par de días… y ya queremos volver a viajar. El Abra del Acay es desafiante y muy cambiante. Lo hicimos de norte a sur y al revés. La mejor versión es entrando por el sur: más progresivo, más épico. El punto más alto de toda la Ruta 40 no podía faltar en este viaje.
La ruta en números
3 viajes de exploración
2 variantes probadas
2 test runs
3 ajustes
3 circuitos descartados
Tramos descartados
Iruya
Decidimos dejar Iruya fuera del recorrido no por su dificultad, sino porque requería una jornada dedicada exclusivamente a ese destino. Priorizamos el paso por las Yungas y la transición espectacular entre selva, montaña y altura.
Nazareno
Derrumbes frecuentes en la zona del Abra de la Cruz y sectores cercanos, que pueden cortar el camino sin aviso. Crecida repentina de ríos, especialmente después de lluvias en altura, lo que vuelve imposible el cruce incluso para motos livianas.







